Que significa la primera mediació que realitzes? Doncs, en general te'n recordes de la gestió del primer procés i el que significa la mediació per tots els professionals que s'hi dediquen, aquí teniu un exemple de la Sra. Amparo Quintana.
| Mis
primeros
pasos
profesionales
(VI):
Primera
mediación,
cuestión
de
confianza |
|
MADRID,
19
de
FEBRERO
de
2014
-
LAWYERPRESS |
|
|
Cuando
acepté
el
ofrecimiento
de
escribir
sobre
el
tema
de
mis
comienzos
como
mediadora,
me
percaté
de
que
he
olvidado
muchos
detalles
de
los
casos
más
o
menos
recientes.
Sin
embargo,
permanecen
en
mi
memoria,
prácticamente
intactas,
aquellas
que
señalaron
mis
comienzos
profesionales
en
una
actividad
que
llena
mi
vida
desde
hace
años.
Mi
primera
mediación
fue
en
el
ámbito
familiar
y en
un
asunto
aparentemente
de
problemas
intergeneracionales.
En
síntesis
y
para
no
desvelar
detalles
que
pondrían
en
jaque
mi
deber
de
confidencialidad,
se
trataba
de
un
padre
divorciado
que
había
perdido
el
contacto
con
su
hija
de
quince
años.
La
adolescente
le
colgaba
el
teléfono
cuando
el
progenitor
le
llamaba
al
que
fue
domicilio
familiar,
se
negaba
a
verlo,
hacía
comentarios
poco
afortunados
sobre
él a
otros
parientes
comunes
y,
lo
más
curioso,
culpabilizaba
a su
madre
porque
había
firmado
un
convenio
regulador
“obligándola”
a
ella
y a
su
hermano
más
pequeño
a
pasar
tiempo
con
el
padre.
La
solicitante
de
la
mediación
fue
la
propia
madre
de
la
chica,
pues
se
lo
aconsejó
el
psicólogo
al
que
había
acudido
para
recabar
ayuda
profesional.
La
primera
vez
que
la
vi,
entendí
que
estaba
confundida
sobre
la
actitud
de
su
hija
y,
además,
asustada
por
si
el
exmarido
y la
familia
de
este
pensaban
que
estaba
influyendo
en
el
modo
de
comportarse
de
la
menor.
Me
comentó
además,
que
la
niña
se
había
negado
en
redondo
a
acompañarla
al
psicólogo
y
que
esto
había
abierto
un
poco
más
la
brecha
entre
ellas.
Ante
toda
la
información
suministrada
por
aquella
señora,
me
di
cuenta
de
que
los
mediadores
debemos
actuar
con
prontitud
y
confiar
en
nosotros
mismos,
pues
la
gente
espera
una
respuesta
casi
automática.
No
se
trataba
de
adelantar
soluciones,
asesorar
u
orientar
a la
madre,
sino
de
trazar
un
plan
de
actuación
en
pocos
segundos
y
comentarle
qué
íbamos
a
hacer.
Pensé
en
mis
maestros,
a
quienes
siempre
recuerdo
y
agradezco
lo
que
me
transmitieron,
y
comprendí
una
idea
repetida
por
casi
todos
ellos:
la
gente
lo
espera
todo
de
nosotros.
Le
comenté
sin
tapujos
que,
para
atraer
a su
hija
a la
mediación,
era
fundamental
que
le
dijera
que
tendría
la
posibilidad
de
negociar
en
igualdad
de
condiciones
y,
por
supuesto,
le
subrayé
la
importancia
de
que
le
transmitiera
las
diferencias
entre
la
mediación
y
otras
formas
de
intervención
familiar.
En
ese
esbozo
de
plan
estratégico
de
mediación
al
que
he
aludido
antes,
pensé
que
primero
me
entrevistaría
con
la
adolescente
y,
en
vista
de
cómo
transcurriera
esa
sesión,
hablaría
con
el
padre.
Resumiendo,
no
podía
arriesgarme
a
llamar
al
padre
si
su
hija
se
negaba
a
sentarse
junto
a
él.
A la
madre
le
resultó
más
fácil
de
lo
que
pensaba
convencer
a la
adolescente
y, a
los
pocos
días,
me
encontraba
con
una
chica
de
maneras
educadas
y
con
los
ojos
tristes.
Se
interesó
mucho
por
mi
trabajo
y,
cuando
le
aclaré
qué
suponía
ser
imparcial
para
un
mediador
y
que
ella
podría
abandonar
la
mediación
cuando
quisiera,
aceptó
iniciarla
con
ambos
progenitores.
Con
el
padre
me
puse
yo
en
contacto
y al
cabo
de
quince
días
se
realizó
la
primera
sesión
de
mediación
conjunta.
La
hija
expuso
sus
quejas,
los
mayores
sus
miedos.
La
primera
reclamaba
la
facultad
de
opinar
que
los
otros
le
habían
negado.
Se
sentía
defraudada
por
sus
progenitores,
que
hasta
su
divorcio
habían
contado
con
ella
para
multitud
de
cuestiones,
como
cuidar
de
su
hermano,
elegir
regalos,
decidir
cambio
de
colegio,
etc.
Por
su
parte,
el
padre
temía
perderla,
pues
desde
un
principio
había
luchado
por
un
régimen
de
visitas
muy
amplio
para
poder
estar
el
mayor
tiempo
posible
con
sus
dos
hijos.
En
cuanto
a la
madre,
insistió
mucho
en
que
nadie
dudara
de
su
honestidad
y su
interés
para
que
las
relaciones
paterno-filiales
mejoraran.
Durante
más
o
menos
dos
horas,
llegaron
a la
conclusión
de
que
debían
modificar
las
pautas
pactadas
en
lo
relativo
al
sistema
de
comunicación
y
estancias,
diferenciando
las
necesidades
de
la
joven
de
quince
años
de
las
del
otro
vástago,
que
contaba
nueve.
Se
necesitaron
otras
dos
sesiones
más,
dedicándose
la
última
a la
lectura
y
firma
del
acuerdo
alcanzado,
que
fue
suscrito
por
las
tres
partes
de
la
mediación,
dado
que
la
menor
se
comprometía
a
realizar
determinadas
cosas.
Pasado
un
tiempo,
supe
que
habían
modificado
el
convenio
de
divorcio
judicialmente,
respetando
los
pactos
de
la
mediación.
También
me
enteré
de
que
la
muchacha
me
nombraba
a
menudo
llamándome
“la
médium”,
porque,
según
decía,
nadie
veía
las
cosas
que
le
conté
la
primera
vez
que
hablo
conmigo.
¿Se
referiría
a
los
fantasmas
que
casi
todas
las
personas
albergamos
dentro
de
nosotros
cuando
nos
acucia
un
problema?
De
esa
primera
mediación
saqué
varias
conclusiones:
• La
importancia
de
emplear
todo
el
tiempo
necesario
en
la
fase
de
información.
Quienes
piensen
que
una
sesión
informativa
se
ventila
en
veinte
minutos,
pueden
llevarse
sorpresas.
•
Muchos
conflictos
esconden
otros
y
debemos
“decapar”
la
superficie.
•
Las
personas
confían
en
los
mediadores
porque
nosotros
confiamos
en
ellas.
Me
falta
decir
que,
cuando
ocurrió
todo
eso,
no
había
ley
estatal
ni
apenas
normas
autonómicas
de
mediación.
Cuando
se
quiere,
se
puede.
Es
cuestión
de
confianza.
|
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada