dimarts, 8 d’abril del 2014

Justicia Restaurativa

Entrevista a l'Alberto Olalde sobre justicia restaurtiva. Treballador social i mediador.

Justicia Restaurativa?
Olalde es profesor de la Universidad de Trabajo Social del País Vasco y estuvo en Barcelona, el pasado 18 de marzo, invitado por el Centre d’Estudis Jurídics de la Generalitat para exponer, en la III Jornada sobre Justicia Restaurativa, las prácticas que van más allá de la mediación. En un alto de las actividades de la Jornada nos reunimos con él en un soleado Port Olímpic y lo primero que quisimos saber fue qué es esto la justicia restaurativa. “Podríamos decir que es un paradigma que pretende devolver el protagonismo a la víctima y al propio infractor en la resolución y en el abordaje de las consecuencias del hecho ilícito penal. Es un paradigma complejo, a veces difuso y a veces contradictorio”.
Olalde concreta que esto no es nuevo: más allá de las primeras experiencias en los años 70 del siglo pasado en Canadá, "podemos hallar estas prácticas en las culturas aborígenes: sentarse y dialogar sobre las consecuencias de los hechos que nos han afectado y que están tipificados en el código penal”.
En relación a los límites en su aplicación, afirma que “no es una panacea o una varita mágica ni es aplicable a todo hecho ilícito penal. Aunque tampoco hay unanimidad ni acuerdo en sus límites, podríamos decir que la gravedad del delito no dificulta su aplicación. Incluso hay autores en la materia que dicen que cuanto mayor es el daño, hay mayor capacidad restaurativa”.
Diálogos en el País Vasco
En relación a la mediación entre las víctimas y ex-miembros de ETA, Olalde fue concreto en la aclaración: “Es complicado llamarle mediación. Nosotros preferimos definirlos como encuentros, encuentros de dos personas desde posiciones moralmente antagónicas, en los que nuestra tarea era la de facilitar que se encontraran, para hablar de lo que quisieran. Sobre sus necesidades, por ejemplo, en el caso de las víctimas que querían conocer, preguntar y encontrar alguna reparación”.
Fueron un total de catorce encuentros diferenciados, entre un preso y una víctima, en los que iban cambiando las personas que participaban. La mayoría de los encuentros se realizaron dentro de prisión y en el País Vasco. Sobre el origen de estos encuentros, Olalde indica que “tal como lo decimos en el libro ‘Los ojos del otro’, fue a demanda de algunos presos de Nanclares, que querían hacer algún gesto hacia las víctimas. Vimos que la metodología del cara a cara podía ser interesante.”
Qué hacer cuando las palabras etiquetan
En un encuentro de estas características, en el que pesan la historia y los discursos (partidarios, mediáticos, de asociaciones, etc), el uso de las palabras es delicado: "etiquetan y encorsetan a las personas." En el caso de los encuentros, Olalde afirma que “utilizamos el lenguaje que ellos mismos tenían: son personas que considerándose condenados por delitos que el código penal tipifica como terrorismo, se autoperciben como que ya no pertenecen a una banda armada, a una organización, por lo cual se ven como ex miembros de esta organización. Y fue así, respetamos su percepción”. En este sentido, los diálogos también sirvieron para profundizar, porque una de las cosas que querían saber las victimas era cual había sido el recorrido que habían hecho para autoproclamarse como ex miembros de ETA".
Otro aspecto fundamental fue el silencio mediático. Durante dos años tuvieron un apoyo importante para que los encuentros se realizaran en un marco poco contaminado por los discursos preestablecidos. Para Olalde, "hubo un acuerdo familiar y personal que aquello no debía trascender. Para poder trabajar en silencio y porque así se protegía al propio proceso y a las personas que salieron a dar la cara por nosotros.” Así, mientras se realizó, "no tuvimos interferencias y fortalecimos un anillo de confianza que nos permitió llevarlo a cabo. Pero el cambio de gobierno, del PSOE al PP, provocó que el escenario de protección cambiara y provocara la interrupción, por intereses legítimos de algunas víctimas que reivindicaron cosas que eran ajenas a aquellos procesos”.
Presente y futuro de los encuentros
Sobre la situación actual, Olalde plantea que “nunca nos prohibieron continuar, pero tampoco nos dejaron seguir. El Ministerio del Interior puso impedimentos a estos encuentros, cambiando las reglas que habíamos pactado con las partes, y hubo encuentros que fueron obstaculizados, que no pudieron continuarse y que están esperando” .
Sobre el futuro, opina que “hay personas que están esperando, porque no pudieron encontrarse. Estamos un poco a la expectativa. Al final esto fluirá, habrá presos que saldrán, que querrán encontrarse con sus víctimas y seguramente lo harán por las vías que mejor consideren. Habrá otros que no. Pero aquellos que quisieron hacerlo y no lo pudieron hacer porque hubo quien lo impidió, acabarán encontrándose porque es evidente que lo necesitan”.
“Los ojos del otro” de la editorial Sal Terrae, Del prólogo escrito por Maixabel Lasa cuyo marido, Juan María Jáuregui, fue asesinado por ETA once años antes de los encuentros. “Las personas que hemos colaborado en dichas reuniones, tanto los victimarios como las víctimas, lo hemos hecho de forma voluntaria. Nadie nos lo ha impuesto. Sin embargo, entiendo, sobre todo desde el mundo de las víctimas, la crítica, que a veces ha sido desproporcionada, hacia las personas que hemos decidido participar. Así como nosotros respetamos su decisión, su postura de no querer participar, me gustaría pedir que también nuestra opción sea respetada; nosotros no nos sentimos mejores ni peores, simplemente actuamos según nuestra forma de pensar»

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